Mabel es una de las tantas mujeres paraguayas que migró al extranjero en busca de un futuro mejor, dejando a sus hijos al cuidado de su madre: Doña Romualda, la matriarca de la familia Quiroga, fue quien ingresó primeramente a Paraguay Okakuaa junto con sus nietos, Adela y Agustín. Luego de vivir varios años, primero en Argentina y luego en España, Mabel retornó al Paraguay, con el dinero suficiente para comprarse un terreno y construir una casa de dos habitaciones en su comunidad, Itacurubí, del distrito guaireño de Mauricio José Troche. La cría de cerdos y gallinas es la principal actividad económica de esta comunidad rural. Por ello, por lo que le sobró de la construcción, Mabel compró un par de chanchitos.

Mientras se instalaba en su nuevo hogar, Mabel comenzó a vincularse con el Proyecto. Tanto las reuniones del Comité de Mujeres de Itacurubí como las capacitaciones se realizaban en la casa de la abuela. Pronto, Mabel comprendió la importancia de los cursos que se realizaban, y vio en ellos la oportunidad de generar ingresos trabajando desde su casa. “La satisfacción de poder estar en mi casa, de trabajar en mi casa, es algo impagable. Yo estuve muchos años fuera y nada se compara con estar acá. El sueño de toda persona que quiere salir adelante es emprender en su tierra y ¿qué mejor que en tu propia casa?”.

Alexis, promotor de Paraguay Okakuaa, fue quien trabajó de cerca con ella y todas las familias de Itacurubí. Recuerda cómo, de a poco, Mabel fue realizando una a una todas las capacitaciones y de qué manera su motivación iba en aumento: Curso de cocina, taller de elaboración de panificados, capacitación en bocaditos dulces y salados, elaboración y decoración de tortas. Cuando su producción de chanchos superó la docena tomó un curso de elaboración de chorizos. “Paraguay Okakuaa trajo muchísimos cursos a la comunidad”, dice Mabel y cuenta que además de toda la capacitación en elaboración de productos, para garantizar la rentabilidad, realizó un curso de finanzas personales y posteriormente participó de una capacitación en la que diseñó su propio Plan de Negocios.

El resultado de la capacitación y la motivación se materializó en su cocina: Con sus primeras ventas se compró un horno y construyó una linda mesada con azulejos. “Todo se hace en mi cocina: Tengo mi horno, mi batidora… todos los elementos que necesito. Trabajamos varias vecinas juntas. Nos contratan cuando hay cumpleaños, comuniones… Yo más bien me encargo de los bocaditos dulces y salados y otra compañera se encarga de las tortas”.

De momento, Mabel participó de todas las actividades de capacitación que se realizaron en su comunidad, con la energía puesta en crear productos innovadores. “Yo quiero hacer productos originales, que llamen la atención”, dice y muestra orgullosa una pastafrola con relleno de mermelada casera. “Hoy día puedo decir que mi especialidad son los bocaditos dulces y mi proyecto es tener mi propia panadería”.