7 días en Tennessee que se convirtieron en 193

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Giovanni Daboin Asesor comunicacional y miembro del Capítulo Venezuela de Partners of The Américas
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Giovanni Daboin y Gary Linn, Presidente de Partners Tennessee

El 9 de marzo de 2020 llegué a la ciudad de Nashville,Tennessee, con el propósito de cumplir una estricta agenda de 10 días para sostener encuentros programados con miembros del Capítulo Tennessee, con la finalidad de dar inicio a la recopilación y levantamiento de testimonios históricos de su participación en programas o actividades realizadas de manera conjunta por ambos Capítulos. Siendo este, el principal objetivo de mi viaje a Tennessee.

Desde el primer día todo se desarrolló de forma fluida siguiendo el plan definido por el Dr. Gary Linn, presidente del Capítulo Partners of The Américas Tennessee.

Sin contratiempo alguno, y en medio de un ambiente muy amigable y placentero, empecé a avizorar señales y expectativas muy favorables para el cumplimiento exitoso del plan previsto.

En cada entrevista realizada encontré testimonios e historias apasionantes y estimulantes que afianzaban dentro de mí el convencimiento que siempre he tenido respecto a la importancia de la labor desarrollada por Partners of The Américas para impulsar y promover programas de intercambios culturales y, en este caso particular, por el trabajo mancomunado desarrollado por dos Capítulos hermanos.

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Giovanni Daboin entrevista al miembro del Capítulo de Tennessee Brad Major sobre su participación en Venezuela con los programas Partners Youth.

Mientras el tiempo transcurría, las noticias sobre la aparición de un virus originado en China acaparaban de manera constante y progresiva una presencia importante en los medios internacionales y entre los ciudadanos. Cada vez veía más gente con tapabocas. (Una gran mayoría se resistía a su uso, entre ellos yo). Presentí-obviamente en forma equivocada-que el Coronavirus podría ser algo de cuidado, pero lejano y que pronto sería controlado, sin mayores consecuencias que lamentar.

Al mismo tiempo que avanzábamos cumpliendo la agenda programada, una sub trama sobrevenida; dentro de la historia de ambos Capítulos, se iba incubando de manera silenciosa sin crear sospecha alguna.

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De izquierda a derecha: el presidente de la Universidad de Cumberland, el doctor Paul Stumb, el periodista Giovanni Daboin y los miembros de la junta del Capítulo de Tennessee, el doctor Linn (presidente) y el doctor Galen Hull

En plena faena con el Dr. Linn, revisando meticulosamente la agenda, fotografías y otros documentos, recibimos un mensaje de Bárbara Bloch, senior advisor for Membership Partners of the Américas, en el cual se nos sugería por razones de preservar mi salud ante la propagación del Virus en los Estados Unidos, que era conveniente organizar mi regreso a Venezuela antes de la fecha estipulada. Luego de evaluar con detenimiento tal recomendación, convinimos en programar mi retorno para el día 16 de marzo de 2020, procediendo inmediatamente a cancelar el resto de las entrevistas que habíamos programado. Así fue como, de pronto, mi estadía de 10 días como huésped del Dr. Linn en Nashville, se redujo a solo 7. Quedando inconclusa la agenda prevista.

Encuentro familiar fugaz
En vista del cambio de planes, informé a mis familiares, que desde hace varios años residen en la ciudad de Cookeville, Tennessee ( a quienes había prometido visitar unos días, después de culminar la agenda de entrevistas en Nashville) que ya no sería posible poder visitarlos debido mi abrupto retorno a Caracas. Ante esa circunstancia, mis familiares decidieron trasladarse a Nashville para vernos, aunque por pocas horas, y así lo hicimos; no sin antes lamentar el cambio de planes. Luego de la despedida familiar, el Dr. Linn, su esposa Pam y yo nos dispusimos a esperar el día de mi regreso a Venezuela el lunes 16 de marzo.

En horas de la tarde del domingo 15, recibí la notificación de la cancelación de mi vuelo por el cierre del espacio aéreo en Venezuela como medida preventiva ante la declaración de la pandemia COVID-19. En ese momento empezó un Capítulo personal y familiar nunca antes vivido. Procedí de inmediato a avisar a mi familia de Cookeville la nueva situación y regresaron el lunes 16 a buscarme a casa del Dr. Linn.

Nuevo reencuentro familiar, esta vez no tan fugaz
Bárbara Bloch, Gary Linn, Yraima Méndez y yo convinimos en que lo más razonable era que me resguardara en casa de mis familiares en Cookeville y esperar allí, hasta que se reabrieran los vuelos comerciales, tanto en EEUU, como en Venezuela.

Esa espera que al principio parecía que sería de corto tiempo se prolongó, cada vez con mayor incertidumbre, por más de 6 meses.

Llegó el mes de abril y advertí que una gran angustia y preocupación comenzaba a embargarme, en forma lenta; pero muy sentida, ante la incertidumbre de no tener claro cuándo podría regresar a Caracas y también por los estragos que estaba ocasionando la pandemia en el mundo, en particular en los Estados Unidos y más adelante en Venezuela.

Entre tanto, pensaba de manera constante que en mi casa en Caracas se encontraban solas mi esposa y mi hija, en medio de tal situación; a la cual se agregaba la dramática y difícil crisis política, económica y social que existe en Venezuela. Este panorama todos los días se tornaba más difícil para mí y, obviamente, para mi familia de Tennessee y Caracas.

Llegó el mes de mayo y con él la noticia de la prolongación del cierre de los vuelos comerciales a Venezuela hasta el mes de junio. Decisión que se renovaría cada mes en forma automática, previsible y desesperante.

Al intuir que mi regreso a Venezuela iba a tardar más de lo imaginable, decidí empezar a redactar las entrevistas realizadas en Nashville, logrando adelantar un trabajo que tenía planteado realizar en Caracas en el mes de abril. También pude redactar notas de prensa y realizar varias actividades profesionales a distancia relacionadas con mis compromisos de asesoría comunicacional en Caracas Igualmente aproveché el tiempo para hacer -varias veces-queso venezolano para consumo familiar, una tradición que siempre cumplimos en cada visita a Cookeville. 

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Giovanni Daboin haciendo queso venezolano en Cookeville

Estas actividades, junto al compartir diario con mi familia de Tennessee, me ayudaron a mitigar, en partey a ratos, la ansiedad, la preocupación y la incertidumbre de no saber cuándo podría regresar a mi casa.

Los meses de Junio y agosto constituyeron una dura prueba de fuego emocional familiar. Por primera vez, en 30 años, tuve que pasar mi cumpleaños y el día de los padres, (para colmo, este año ambas fechas coincidieron el mismo día 21 de junio) así como el cumpleaños de mi hija el 14 de agosto, lejos de mi hogar.

Afortunadamente, todo el tiempo conté con el apoyo emocional, personal e institucional de Bárbara Bloch, Gary Linn, Yraima Méndez y Carmen Sepassi, de Partners of The Américas; con quienes mantuve un contacto permanente y constante. De verdad sentímuy de cerca un gran calor humano de parte de ellos, lo que me ayudó a sentirme protegido y amparado en medio de la circunstancia. Tal respaldo recibido me ayudó a reafirmar y constatar como verdadero ese espíritu de gran compañerismo, colaboración y alta responsabilidad que promulga y promueve Partners of The Américas. Me reconfortaba también el hecho de contar además con la protección, compañía, afecto y solidaridad de mi familia de Tennessee.

Muchas veces llegué a pensar que mi permanencia en Cookeville, Tennessee, se extendería por lo menos hasta el mes de diciembre, ya que no vislumbraba ninguna posibilidad de que Venezuela abriera el espacio aéreo para vuelos comerciales antes de fin de año.

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Queso venezolano hecho por Giovanni Daboin

En medio de ese angustioso panorama recibí una invitación para agregarme a un grupo de WhatsApp, creado por venezolanos varados en USA para mantenerse informados y unidos, al cual nunca pude agregarme -a pesar de intentarlo diariamente-ya que no permitía nuevos miembros porque estaba saturado. Exploré la posibilidad de agregarme a otros grupos de WhatsApp e Instagram pero tampoco pude lograrlo.

Desde los primeros días de esta situación sobrevenida, me aferré a Dios como nunca. Siempre he sido una persona de fe; pero en esta oportunidad logré un conexión muy fuerte con la oración permanente a Dios, Jesús de la Misericordia y la Virgen María, lo cual me daba gran fuerza para mantenerme sereno y con el aplomo suficiente para enfrentar la incertidumbre y la angustia.

Finalmente pude agregarme al grupo de “Varados en USA” y comencé a recibir información sobre la situación que muchos estábamos confrontando, conociendo historias y testimonios que reflejaban las grandes tragedias que estaban viviendo mis connacionales y compañeros de grupo (pasaportes y visas vencidas, precariedad económica, mujeres con embarazos avanzados, nacimiento de niños, niños y abuelos enfermos, niños menores separados de sus padres, etc) Dramas mucho mayores que la mía. Por lo menos yo estaba amparado por Partners of The Américas y por mi familia de Tennessee, con mis documentos vigentes y gozando de buena salud.

Una mañana recibí la información, desde el grupo de WhatsApp, que estaban saliendo vuelos privados desde República Dominicana a Caracas. Después de pensar varias veces sobre esa posibilidad, me atreví a consultar a Bárbara Bloch si podríamos explorar esa opción, encontrando gran receptividad y disposición de su parte, a pesar de la informalidad y los riesgos que representaba. Enseguida nos activamos Bárbara, Cindy Starr, una de las agentes de viajes de Partners, y yo hasta que logramos cuadrar la posibilidad de un vuelo.

El plan marchaba con mucha expectativa positiva, pero inesperadamente, esa opción se cerró. Dichos vuelos fueron paralizados hasta nuevo aviso. Mientras tanto, al menos dos veces por semana me hacía la prueba PCR Covid -19 para tenerla vigente en caso que abrieran los vuelos privados (La exigencia era que los resultados de la prueba tuvieran una vigencia de 48 horas antes de tomar el vuelo). Como anécdota jocosa, la repetición frecuente de la prueba me hizo famoso entre los médicos y enfermeras a cargo de ese proceso, por parte del Healt Department de la ciudad de Cookeville, hasta tal punto que una de las enfermeras nos comentó que un día me vio en un establecimiento comercial en el pueblo y se preocupó porque yo no había podido regresar a Venezuela y la última vez que me hice la prueba uno de los paramédicos nos exclamó amigablemente: "Esta semana si va a salir el vuelo". Pero la posibilidad de un vuelo privado nunca se presentó y terminamos, a nuestro pesar, desestimándola por completo.

Nuevamente me abrumó el desconcierto, la incertidumbre y la preocupación de no saber cuándo podría regresar a Caracas.

El Coronavirus entró en mi casa en Caracas
Mi angustia y desesperación llegaron al límite más alto cuando a mediados de agosto recibí la noticia que mi esposa, mi hija y su novio habían contraído el virus. Gracias a Dios no hubo consecuencias que lamentar y pudieron salir del proceso sin complicaciones.

Llegó la noticia de la apertura de un vuelo humanitario desde Toluca, México
Pormedio del grupo de WhatsApp "Varados en USA" recibí un sorpresivo anuncio de la agencia de Viajes Bojorquez, localizada en México, en el cual informaba la apertura de varios vuelos humanitarios el mes de septiembre. Contacté a la agencia, única autorizada para vender los boletos de dichos vuelos y me confirmó que yo estaba en la lista de la embajada para el vuelo del 16 de septiembre. (Gracias a Dios y a la recomendación de uno de los administradores del grupo de WhatsApp "varados en USA", previamente había enviado un correo a la embajada de Venezuela en México solicitando mi inclusión en la lista de venezolanos varados en EEUU que lleva esa embajada, por si se presentara la oportunidad de un vuelo humanitario desde México a Caracas. Aparecer en esa lista fue clave y decisivo) Por cierto, ante la improbabilidad de que se reanudaran pronto los vuelos comerciales a Venezuela, siempre pensé que la opción más viable de poder regresar, sería por medio de un Vuelo Humanitario, (Esa era una de mis peticiones diarias en mis oraciones a Dios)

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Giovanni Daboin en la fila de pasajeros para abordar el vuelo a Caracas

Informé sobre esa posibilidad a Bárbara Bloch y ella Inmediatamente dio inicio al proceso de adquisición del boleto, disposición de apoyo logístico y de programación de los vuelos desde EEUU a México para abordar el vuelo humanitario, mediante el cual pude regresar felizmente a Caracas; aterrizando en el aeropuerto Simón Bolívar de Maiquetía el 17 de septiembre a las 2 y 50 de la madrugada. Dando así Feliz término a un viaje de 7 días que se transformaron en 193, llenos de angustia e incertidumbre; pero que me dejaron muchos aprendizajes, buenos amigos como Bárbara Bloch, Carmen Sepassi, Gary Linn e Yraima Méndez, una gran reafirmación del amor a toda mi familia de Tennessee y Venezuela, a mi esposa, mi hija, mi hogar y a mi país, una plena convicción de los altos valores institucionales y de compañerismo que posee Partners of The Américas y, sobre todo, una mayor e inquebrantable fe en Dios.

Así fue como, cumpliendo el plan encomendado para documentar la historia conjunta de los Capítulos Tennessee y Venezuela de Partners of The Américas, terminé siendo parte de esa gran historia; por un episodio sobrevenido e insospechado que sin duda teníamos que incorporar al historial de ambos Capítulos como una especie de relato complementario.

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De espaldas, Giovanni Daboin esperando abordar el Vuelo Humanitario desde Toluca, México a Caracas

A la fecha en que terminé de redactar la presente historia, 12 de octubre de 2020, aún permanecen cerrados los vuelos comerciales a Venezuela. Por mi parte, continúo rogando a Dios para que todos aquellos venezolanos que permanecen varados en los Estados Unidos, y en otras partes del mundo, puedan regresar y reencontrarse con sus familias lo más pronto posible.

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